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Cuándo contar y cuándo mostrar en una novela (2)

La técnica de mostrar se aplica principalmente al personaje protagonista de tu historia para mostrar cómo actúa, cómo piensa, cómo habla y por qué dice lo que dice, como ya te comenté en el primer artículo de cuándo contar y cuándo mostrar en una novela. Porque lo importante al contar una historia es que sea el personaje el que conecte con el lector, el que va a empatizar con él.

Sin embargo, los personajes, igual que las personas, viven en una casa, cruzan una calle, entran en un centro comercial, acuden a ver una competición de patinaje…

Mostrar los espacios físicos en los que se desarrollan los hechos le permitirá al lector estar presente en ese lugar y habitarlo igual que lo hacen tus personajes. Recuerda que, como autora, debes centrar la atención del lector en los escenarios principales que hacen avanzar la historia y mostrárselos.

¿Qué se necesita para mostrar escenarios?

Para concretar escenarios no solo acudirás a mostrar imágenes para que el lector puede visualizarlas, sino que también utilizarás el resto de los sentidos: sonidos, aromas, texturas y sabores.

Vamos a verlo siguiendo el hilo de la misma historia que ya te conté cuando te hablé de cuándo mostrar y cuándo contar. Como lectora, decide tú cuál de estos dos fragmentos queda más fijado en tu mente.

Escenario contado:

Sara abrió la puerta de la cafetería. Se veía dejada. La mesa que la camarera le ofreció estaba en una zona casi en penumbra. Daba miedo.

Escenario mostrado:

La puerta de la cafetería soltó un chirrido cuando Sara entró. El local era estrecho y alargado, tan solo había cuatro mesas dispuestas en fila. Una clienta leía el periódico al lado de la única ventana. El aroma a café invadía el espacio. La camarera le ofreció a Sara una mesa al final del pasadizo. Ella se sentó en la silla y dio un pequeño respingo cuando el frío del metal la hizo estremecer. Levantó la mirada hacia el techo. La única bombilla que había sobre su cabeza estaba fundida. Le entró un escalofrío. Pidió un chocolate caliente mientras esperaba que su amiga Ana no tardara demasiado en aparecer.

La descripción del segundo escenario aporta imágenes concretas, sin abstracciones, y le da al lector la posibilidad de vivir, ver y sentir las emociones que embargan a la protagonista.

Cuando muestras los escenarios le permites al lector sacar sus propias conclusiones sobre lo que está viendo a través de imágenes, olores, sabores, texturas y sonidos. Habrá lectores que piensen que esa cafetería es patética, pero a otros les puede parecer encantadora. Deja que sea el lector el que elija sentir las emociones y decidir si ese escenario le parece patético o romántico. Mostrar enriquece tus escenarios y es la manera de dejar que el lector participe activamente del texto.

Por otro lado, la técnica de mostrar no solo se aplica a los escenarios, también se puede aplicar a los objetos, siempre y cuando sean relevantes en la historia. Si el objeto no tiene especial importancia usarás la técnica de contar, no lo mostrarás. Vamos a verlo con otro pequeño fragmento de una historia:

Rubén ha sido contratado para buscar un tesoro perdido. El protagonista se pasa la novela sorteando todo tipo de peligros, haciendo acrobacias imposibles y siendo perseguido por sus enemigos en una aventura llena de intriga y amor. Al final, Rubén consigue encontrar ese tesoro: un óleo pintado por Donatello. Y tú, como autora, te limitas a describir el cuadro así: era impresionante. El marco que lo sujetaba estaba bien conservado y la pintura estaba intacta.

Si después de miles de páginas acabas con esa descripción repleta de abstracciones, ¿no crees que el lector se sentirá decepcionado?

Piensa que tu lector está esperando, tan ilusionado como el protagonista, encontrar ese tesoro, poder tocarlo, olerlo, sentirlo, observarlo. Por lo tanto, como autora, te toca volver a aplicar la técnica de mostrar y dejar que el lector opine por sí mismo si ha merecido la pena todo ese viaje lleno de peligros y aventuras.

Vamos a ver cómo el protagonista descubre ese cuadro mostrándoselo:

Rubén apartó el trapo que envolvía la obra. El polvo le hizo estornudar mientras enfocaba la linterna sobre el óleo. El marco dorado, tallado en forma de trenza, no presentaba ni una mordida de carcoma. Pasó los dedos sobre la madera, suave como el terciopelo. La pintura parecía brillar bajo el haz de luz, era como si la mujer que lo miraba, sonriente, fuera a dejar de lado el tapiz para materializarse a su lado. Rubén sonrió de oreja a oreja, pensando que al fin esa obra se exhibiría en un museo para deleite de todo el mundo.

Recuerda: centra la atención del lector en los escenarios y objetos principales que hacen avanzar la historia y muéstraselos. Y usa la técnica de contar para hablar de aquellos escenarios y objetos sin tanta importancia para la historia.

Puedes practicar el ejercicio de mostrar fijándote en lo que hay a tú alrededor y describiendo lo que ves. De esta manera, cuando te toque describir un lugar y objeto en tu novela, te resultará más sencillo.

¿Te resulta difícil mostrar tus escenarios u objetos?

Cuéntamelo en los comentarios.

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