Diario de escritora

El pacto invisible entre el escritor y el lector

¿Sabías que existe un pacto invisible entre el escritor y el lector?

Cuando un lector llega a una liberaría y coge un libro, la portada es lo primero que llama su atención, es el primer contacto. Luego, le da la vuelta al libro y lee la sinopsis: una adolescente se despierta dentro de una caja metálica. Cuando logra salir, descubre que está en un crematorio. Lo peor es que no recuerda su nombre ni cómo ha llegado hasta allí.

Ahí empiezan las primeras expectativas del lector, que se formula las primeras preguntas: ¿quién es la protagonista? ¿Por qué se ha despertado dentro de un crematorio? ¿Cómo es posible que haya sobrevivido al fuego?

El lector sabe que el libro es de género fantástico cuando decide comprarlo, y es que esa persona está dispuesta a aceptar ese pacto invisible que el escritor le ofrece a través de la historia que le va a contar: una chica que despierta en un crematorio sin saber qué ha ocurrido.

El lector es consciente de que la historia de fantasía no es real, pero está dispuesto a creérsela, porque quiere vivir una aventura, quiere desconectar de la realidad para sumergirse en ese mundo fantástico. El pacto es una promesa al lector, y le has prometido esa historia y no otra.

A veces, el abandono de una lectura se debe a que el autor ha faltado a su promesa y en vez de contarle la historia de esa chica que ha despertado en el crematorio, le cuenta la historia con un final tipo: y la chica despertó, dándose cuenta de que todo lo vivido no había sido más que un mero sueño.

Pero ¿no se puede terminar una novela con ese final?

Sí, se puede. Sin embargo, si quieres este tipo de final, durante toda la historia tendrás que haber sembrado antecedentes hablando sobre los sueños o las proyecciones astrales, haciendo referencia a datos oníricos para que al lector no se tome ese final como una tomadura de pelo sino como un final que podría haberse esperado.

Si el pacto invisible con el lector se rompe porque como autora no has sabido continuar con lo prometido, la persona se verá decepcionada y no volverá a adquirir un libro tuyo.

Pero ¿cómo se consigue que ese pacto funcione?

A través de la verosimilitud.

¿Cómo conseguir que una historia sea verosímil?

Lo primero que tienes que tener en cuenta es que todo lo que aparece en una novela tiene que estar relacionado. Si en tu historia hay un niño que no para de jugar con una pelota a lo largo de todo el texto, tiene que haber un motivo. Si hay un adulto enfermo durante toda la historia, tiene que haber un motivo. Si una adolescente se obsesiona con una chica, tiene que haber un motivo. En una novela no se deja nada al azar ni a la casualidad.

Voy a ponerte un ejemplo de verosimilitud acudiendo a un objeto aparentemente insignificante: una taza.

En la serie Locke and Key, una serie de fantasía que si no has visto te recomiendo, aparece una taza que en apariencia es insignificante. Es una taza que el marido fallecido le regaló a su mujer. Esa taza es enfocada por la cámara en varias escenas hasta que llega el momento en que toma protagonismo.

A la mujer se le cae la taza y esta se rompe. En ese instante, escucha a sus hijos dirigirse hacia la sala donde ella se encuentra y, para evitar preguntas, coge los trozos rotos de la taza y los esconde en un armario que tiene al lado. Cuando vuelve a quedarse sola, abre el armario para deshacerse de la taza rota, pero descubre que la taza ha vuelto a su forma original; y es así como se desvela que ese armario es uno de los objetos mágicos que habitan en la casa.

Esta serie es un claro ejemplo de cómo los objetos y sucesos que aparecen en las escenas tienen un motivo para estar ahí. Pero claro, este formato es visual y el tuyo es escrito. ¿Cómo aplicas este ejemplo a una historia?

Si planificas, aunque sea un poco, evitarás estas meteduras de pata. Primero tendrás que decidir qué objetos, sucesos, u otros elementos serán importantes y tendrán relevancia más adelante. Si en tu historia también aparece una taza, la mencionarás en varias ocasiones. Incluso la puedes describir para, más tarde, resaltar la escena donde el lector será partícipe de la importancia de esa taza. Sin embargo, si no fuera relevante, es mejor no detener el avance de la historia con descripciones que no son importantes.

Recuerda: centra el avance de la historia en lo que realmente importa para mantener ese pacto invisible que hay entre tú y el lector. Si ese objeto o suceso no tiene importancia para la trama, no lo resaltes con descripciones detalladas.

Eso no significa que no puedas decir que tu protagonista se tomó una taza de café, claro que puedes decirlo, pero no darle más importancia si no la tiene.

Como escritora, tienes que evitar romper ese pacto con el lector y trabajar la verosimilitud de la historia, porque cuando la verosimilitud falla, el pacto con el lector se cae como una torre de naipes y corres el riesgo de que la persona deje de leer tu libro.

¿Conocías el pacto invisible entre el escritor y el lector? ¿Aplicas la verosimilitud a tus historias?

Cuéntamelo en los comentarios.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *